La compleja y
cruel guerra de Siria (Material del Profesor Omar Silva)
ADOLFO R. TAYLHARDAT | EL UNIVERSAL
Jueves 2 de enero de 2014 12:00 AM
La guerra en Siria comenzó como una protesta pacífica inspirada en los
acontecimientos de la llamada primavera árabe que condujo a profundos cambios
políticos en Tunes, Libia y Egipto. Sin embargo, gradualmente se convirtió en
una cruel y compleja guerra civil que en tres años ha cobrado la vida de más de
100 mil personas y ha provocado el desplazamiento de varios millones. Se estima
que de una población de 23 millones antes del inicio de la guerra, dos millones
han abandonado el país y 4 millones y medio han abandonado sus hogares y se han
instalado en zonas limítrofes, sobre todo en la frontera con Líbano.
En Siria, un gobierno relativamente sólido mantiene el control de la capital y
de algunas zonas estratégicas del país gracias al apoyo que recibe de algunos
países amigos, principalmente Rusia e Irán. Una porción considerable de
sunitas, provenientes principalmente de la clase media se mantiene leal al
régimen. Al interior del régimen, la mayoría sunita se enfrenta a la
minoría dominante alawita. La Fuerza Armada leal a Bashar al-Asad no ha logrado
controlar a la oposición étnicamente fragmentada, multirreligiosa,
desorganizada e indisciplinada, aun recurriendo a la violencia indistinta y a
bombardeos indiscriminados que afectan mayormente al sector más débil de la
población: niños, mujeres y personas mayores.
La violencia en el conflicto sirio es más brutal como resultado de esa diversa
composición de la población que se refleja tanto en los factores políticos y
militares que apoyan al régimen, como en la variedad de los grupos que le
adversan.
Las fuerzas rebeldes consisten en una diversidad de factores opositores
apoyados por grupos jihadistas extranjeros pertenecientes a la organización
terrorista Al Qaeda, que luchan por el control del resto del país. Esa
insurgencia fragmentada en grupos rivales suele enfrentarse en luchas
fratricidas que persiguen impedir que alguno de ellos se beneficie de la gloria
de ser el vencedor y limita su capacidad de derrocar al régimen.
Con su violencia el régimen persigue no solo derrotar a los rebeldes sino
también debilitarlos para evitar que se consoliden estructuras gubernamentales
paralelas. Sin embargo, paradójicamente, la violencia indiscriminada del
régimen induce a los insurgentes a incrementar sus ataques para mantener y
elevar internacionalmente su reputación e internamente su efectividad. Además
contribuye a que la población civil acreciente su apoyo a los rebeldes.
A todas estas, la comunidad internacional se limita a observar el desarrollo de
los acontecimientos y a expresar cínicamente su deseo de que cesen las
hostilidades. Las principales potencias han mantenido una actitud de cautelosa
neutralidad que tiene como motivación las experiencias infelices de las
intervenciones en Iraq y en Libia. Incluso Estados Unidos, que en un comienzo
anunció su disposición a intervenir directamente en el conflicto, ha dado
marcha atrás como resultado del poco apoyo recibido de los países europeos y se
limita a proporcionar asistencia humanitaria a los rebeldes, lo que a su vez ha
exacerbado las rivalidades existentes.
Rusia en cambio, proporciona material bélico al régimen sirio al mismo tiempo
que aboga por una solución negociada del conflicto.
Los esfuerzos por lograr un acuerdo en la conferencia actualmente en curso para
lograr esa solución negociada se han estrellado contra las firmes y divergentes
posiciones de los contendores. Los rebeldes exigen que la conferencia conduzca
a la renuncia o la destitución de Bashar al Asad.
Éste, como es de esperar, se niega a entregar el poder. Ha
resultado ser un sátrapa tan cruel y despiadado como lo fue Muamar el
Gadafi. Está dispuesto a permanecer en el poder aun a costa de la vida y los
sufrimientos de sus connacionales.
Además, ambos bandos temen que el vencedor en la guerra emprenderá una campaña
de persecución y eliminación de los responsables políticos y militares del otro
bando. Esto hace que cualquier intento de solución negociada que contemple un
gobierno con participación de ambos bandos hasta que se efectúan elecciones,
resulte también descartada. Cada una de las partes teme que una vez constituido
ese gobierno compartido, la otra desconozca lo convenido.
En mi opinión, y ojalá me equivoque, la guerra continuará hasta que haya un
vencedor o alguno de los bandos se dé por vencido, Sin embargo, una victoria
militar resulta indeseable. Si triunfa el régimen, la dictadura de al-Asad se
tornará todavía más cruel, fortalecida con el apoyo de Irán. Si triunfan los
rebeldes se instaurará un gobierno de facciones rivales, fortalecido con la
presencia de los islamistas radicales. Siria se convertirá en un país tan
inestable como Iraq y en una fuente de amenazas para la comunidad internacional
no islamita.
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